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Cuartilla de unas Cartas

Hace un tiempo leí con mis amigos un libro que, a pesar de un título aparentemente cursilón – se llama Cartas de amor-, contiene un tesoro que le corresponde perfectamente. Ahora bien, el libro no discursea sobre un amor infantil, romántico e impulsivo. No. Más bien un amor que se prepara para amar (amar en serio). A decir verdad, el valor del libro, no está tanto en las cartas como en los comentarios, consejos y reflexiones que Michel Quoist añade ¿Qué dice?

Empecemos, ¿qué os parece? eliminando falsas ideas de lo que, decimos, es el amor.

“Antes de seguir leyendo el testimonio de nuestros enamorados, me parece importante que busquemos, juntos, la verdadera naturaleza del amor, y, en primer lugar, que precisemos bien lo que no es amor. (…) Amar no es experimentar una fuerte emoción sensible. Nuestra sensibilidad reacciona ante las personas desde el primer contacto, antes de que conozcamos seriamente al otro: éste nos es simpático y aquel antipático.” La sensibilidad, el enamoramiento: ese sentimiento tan fuerte, tan agradable, tan pleno y satisfactorio que te hace volar, pero que, al igual que aparece pronto y bien – si no se cultiva – muere. Se seca, no hecha raíz, no germina, no profundiza. Y, es importantísimo más, solo con eso no se puede amar porque “la sensibilidad desempeña un papel en el amor pero, no es el amor.”

“Amar no es, tampoco, impulsado por el deseo, apoderarse del otro para gozar de él. Se dice me gusta el tabaco lo mismo que me gusta Inés, y sin embargo este verbo debe expresar actitudes enteramente distintas. Cuando digo: me gusta la mermelada o este tabaco, no quiero decir que lo amo. En realidad, lo destruyo; por tanto, me amo a mí mismo, y como la mermelada o fumo este tabaco por el placer que me procura. (…) Muchas personas creen amar y de hecho se aman a sí
mismas. El otro les gusta al nivel de su cuerpo, de su corazón o de su espíritu, o a los tres niveles al mismo tiempo. Les gusta alguien como les gusta la mermelada.” Entonces ¿qué es? ¿Qué es el amor? “Amar de verdad es exactamente la actitud inversa de la que hemos expuesto antes. NO tomar para sí, sino dar. ¿Por qué dar? porque se anhela con toda el alma el bien y la felicidad del otro. Así pues, la raíz del amor no es contrariamente a lo que muchas personas suelen pensar, la
sensibilidad, sino la voluntad. Amar es proponerse el bien del otro, y para ello olvidarse de uno mismo, dar lo más posible, de lo que uno tiene, y más aún , de lo que uno es.” Poco más se puede añadir a las sabias y sencillas palabras de Quoist. Amar es dar y darse. La raíz es
la voluntad, complementada, por supuesto, con la sensibilidad y la inteligencia. Pues bien, gracias a ellos y la publicación del libro, tenemos un ejemplo – histórico y reciente – de una pareja de novios
que, juntos, crecieron aprendiendo a amar. Además, sabiendo que eran cristianos y aspiraban a la santidad, podemos afirmar que se amaron mirando juntos a Dios.

Antes de despedirme, dejadme dedicarle esta cuartilla, a un chico, hombre y caballero, cuyo nombre – que es compuesto – lo comparte con un apóstol, el amado, y, con un rey francés del siglo XIII, que fue un santo rey para la cristiandad y es un rey santo para la eternidad. Se la dedico porque, gracias a él, todas mis cuatro de la tarde, brilla el sol.

El fondo no justifica los medios

“El fin no justifica los medios”. Toda persona que razone un mínimo estará de acuerdo con esto, que la finalidad o el objetivo no justifica las acciones tomadas; así como la paz en un país no justifica que para alcanzarla haya que cometer un exterminio, por poner un ejemplo. Los actos se podrán juzgar y se determinará su grado de gravedad, los atenuantes que apliquen, etc; pero siempre con la vista puesta en que existe el bien y el mal.

Ante la avalancha de información y oráculos que han aparecido gracias a las redes sociales, he visto necesario crear una frase nueva a partir de la anterior para hacer frente a la justificación que se hace de ciertos pregoneros de este mundillo: “el fondo no justifica los medios”.

Todo surgió a raíz de una conversación con un muy amigo mío, en la que me contaba que admiraba y tenía por referente a uno de estos “oráculos” de las redes sociales, solo diré que su nombre empieza por LL. Pues bien, este amigo mío me contaba como, pese a no estar de acuerdo en todo lo que esta persona proclama y tampoco estar de acuerdo con su estilo de vida, le tenía como un referente porque el fondo que transmite en sus mensajes es bueno, que viene a ser algo del tipo “trabaja duro y no seas un blando, esfuérzate al máximo, etc”. El socarrat de todo lo que transmite no es incorrecto, en eso estoy de acuerdo. Pero de ahí a tenerlo como referente hay un largo trecho.

Esta persona aparece en sus vídeos rodeado de mujeres (en teoría tiene una mujer pero no sé yo muy bien cómo se hayan organizado), siempre alardeando de que tiene muchos coches deportivos de lujo, que tiene una mansión, que está en un barco y tu no, que tiene tal reloj que costó tanto y tu no, etc. Todo eso con mensajes de “yo me lo he trabajado y tu no, eres un vago y yo no, etc” para terminar con un clásico “apúntate a mi curso y tendrás esto y más”.

Creo que ya sabes a quien he tomado como ejemplo, pero esto aplica no solamente a él sino a todos los que hacen lo mismo. Dime, este tipo ¿te transmite una cultura del esfuerzo, del sacrificio? ¿O transmite una micronésima de eso y una tonelada de materialismo vulgar y vacío? ¿Trabajar tanto y tan duro para que, para estar con muchas mujeres, tener muchos coches, tener muchos tatuajes y relojes y una mansión? Cuando mi amigo me contó que era un referente para él, yo solamente pude decirle que la persona esta me daba mucha pena y sentía lástima por él.

No, una persona puede tener en la esquina más recóndita de su mensaje algo bueno, y bravo por él, pero para que sea un referente tienes que ver también la finalidad a la que te quiere llevar con su mensaje. O eso pienso yo.